marianland: (Jared y Jensen backoff bitches)
[personal profile] marianland
Aquí os dejo una cosita que he escrito robándole tiempo a guardias y horas de sueño para mi piñata novia [personal profile] komadreja, que fue su cumpleaños el otro día y yo no le regalé nada (worst girlfriend evah!). Quería algo de p0rn y yo no puedo negarle nada a la tía!!!!

ILU BITCH-ITO!!!!

Un poco de RPS de Jared y Jensen, con algo de angry!sex y un poco de ese epic love que tanto nos gusta!!! Pero con un Jensen algo picado y un Jared más tocapelotas de lo habitual...

LA LEY DE MURPHY ELEVADA A LA JOTA

 

No sabe ni porqué le hace caso. Es que es infalible. Como estrenar sus zapatillas de deporte Gucci de ante o haberle quitado la capota al coche.

Si Jared dice que no va a llover, LLUEVE.

Y en Los Angeles, cuando llueve DILUVIA.

Quedan para correr, demasiado pronto, como siempre y Jensen nota cómo su mono de cafeína matutino hace estragos en sus biorritmos mientras Jared aporrea su puerta.

- ¡¡¡¡ARRIBA MARMOTILLA!!!! – berrea desde el exterior para el regocijo de los vecinos de Jensen, que oyen semejante bramido a las seis de la mañana, hora zulú.

Jensen arrastra los pies hasta la calle, obviando la mueca de sorna que su amigo le está haciendo, seguramente por su cara de sueño (las marcas de la almohada en su mejilla le delatan).

- Va a llover – sentencia Jensen de malas pulgas.

- ¡NI DE COÑA tío! No te vas a escaquear tan fácilmente – resopla Jared.

- En la CNN han pronosticado tormenta para la zona de Los Angeles, Jay.

- ¡Meh! Son cuatro nubes llorica y seguro que no descargan. Además no te preocupes por tu permanente ¡ponte una gorra y listo!

- Te recuerdo que no fue a mí a quien le dio una temporadita por alisarse el pelo. ¡¡Tenías a Sandy frita con las puñeteras planchas!!

El rostro de Jared se ensombrece un poco, sólo un segundo pero lo suficiente para que Jensen se arrepienta de haberla nombrado. Aunque no tiene muy claro si Jared está triste por el hecho de que su exnovia le pusiera los cuernos en Milán con un italiano cachondo y vestido con lino o por el hecho de que ahora, cada vez que come tortellini, se le indigesten al acordarse del motivo de la ruptura.

- ¡El último no tomará café en todo el día! – grita éste de pronto echando a correr calle abajo, sin darle a Jensen más opción que poner la directa tras él. Típico.

      Mientras, el cielo se oscurece lentamente llenándose de plomo y confirmando los peores presagios de Jensen, que no es consciente de HASTA QUÉ PUNTO los cántaros están a punto de darle en la cabeza.
 

*****

 

No acierta a meter la llave. Tal es el frío que le congela hasta el tuétano… Tiembla como un descosido, chorreando y tratando sin éxito que no se le caigan los mocos delante de Jared.

- ¡¡¡Date prisa Jensen que ME LO HAGO ENCIMA!!! – le grita el muy imbécil al oído mientras da saltitos. Literalmente.

Se traga un par de decenas de improperios que le pasan por la cabeza en ese momento porque POR FIN consigue abrir su apartamento.

Jensen no puede evitar poner los ojos en blanco cuando Jared entra como una apisonadora, dejando huellas de barro del número “es imposible tener los pies más grandes” por todo su parquet de wengué.

Necesita oxígeno. Necesita hiperventilar para no soltarle todo lo que piensa de él en ese momento. Se quita la sudadera empapada y deja sus pobres deportivas nuevas (que él sí se ha quitado nada más entrar) en el fregadero de la cocina.

Jared y su maldita confianza en sí mismo. Jared y su “ni los elementos pueden llevarme la contraria”. Por Dios bendito, cree que si se lo propusiera lloverían moras de gominola.

Y cuando sale del cuarto de baño con esa expresión de alivio YA ESTÁ. De repente NO LE SOPORTA. Le pilla totalmente desprevenido, con la guardia baja porque, desde que se conocen, Jared le ha sacado de quicio dos millones y medio de veces pero nunca hasta ahora ha sentido ganas de DARLE UN PUÑETAZO y ver si esos hoyuelos de vuelven del revés.

- Te he dicho que iba a llover – es lo único que su boca masculla por lo bajo, casi en un susurro, lleno de frustración y de bilis… de todo lo que quisiera decirle y no le dice.

- ¿Qué? – pregunta el tonto del haba mientras abre el armario donde Jensen guarda el café y, con suerte, alguna galleta.

- Que te he dicho que iba-a-llover – repite Jensen deslizando las últimas palabras como si hablara con un niño de cinco años. Un crío de siete metros de altura, con el pelo demasiado largo chorreando sobre su encimera de Silestone.

- Sólo es agua Jenny.

Y se gira. Se gira y le sonríe. Sabe que no aguanta que le llame así y, si lo ha hecho, es porque le consta que Jensen está cabreado, con un humor de mil demonios y más necesitado de cafeína de lo que se podría admitir en público.

- No es que vayas a encoger ni nada… - continúa hurgando en la herida, regodeándose en la expresión de indignación de su amigo, en plan melodrama total. Por un poquito de agua.

Jensen no dice nada y eso es lo peor. Sólo le mira con esos ojos verdes profundos que chispean de furia contenida y Jared sabe que debería parar. SABE que seguir por ese camino cuando Jensen está TAN enfadado es territorio minado pero no puede… Es que NO PUEDE EVITARLO.

- … además el “look mojado” te sienta tan bien Jenny…

Un microsegundo y Jensen le ha empotrado contra la fría encimera, dejándole inmovilizado en un alarde de agilidad digna de un felino.

- No.me.llames.Jenny – sisea a medio centímetro de su cara.

Vale, cualquiera en su sano juicio seguiría esa orden a pies juntillas porque Jensen parece a punto de volverse atómico, apretando los labios lleno de rabia. AHÍ es donde Jared se desconcentra y pierde la noción de la gravedad de la situación porque ¿los labios de Jensen tan cerca?... A ver, ¿DEBERÍA AFECTARLE TENER LOS LABIOS DE JENSEN TAN CERCA?

Y entonces es cuando la caga. Pero con todo el equipo.

- Jenny.

 

*****

Si lo piensa bien la cosa tiene bemoles. Pasar de “cabreo DEFCON 4” a “cachondo perdido” en ESE microsegundo que tarda en inmovilizar a Jared es lo que en definitiva más le molesta a Jensen. ¿Es que no puede enfadarse con él? Siempre tiene que hacer ALGO para que se le escape la risa o piense que realmente no es para tanto, pero ¿sentirle duro contra su pierna? Esa forma de hacerle olvidar su enfado sí que es nueva.

Jensen aprieta los labios porque no sabe qué hacer con ellos la verdad. Porque la tentación de estamparlos contra los de Jared es demasiado grande. Maldita sea Padalecki. Pero ¿a qué narices viene eso? Necesito un café.

Y entonces Jared hace eso de CERRAR LOS OJOS creando un universo paralelo de confusión a su alrededor y atrayendo a Jensen hacia su boca como una polilla a la luz.

Jared cierra los ojos y de repente Jensen ya no está cabreado. Empapado y salido como la punta de un lápiz si pero, ¿cabreado con Jared? Ni por el forro. Se lo comería a bocados tamaño folio pero no precisamente por estar enfadado con él.

Le tiene ahí, respirando su mismo oxígeno y ese escaso medio centímetro que les separa podría ser el Gran Cañón del Colorado si ninguno de los dos se mueve. Y Jared huele demasiado bien… Huele a lluvia y a ¿mermelada? y a esa colonia para bebés que se pone sin que resulte ridículo (de hecho Jensen lo encuentra comestible aunque jamás lo reconocería en voz alta). Y Jensen se muere de ganas de meter su mano entre ese pelo empapado y atraerle hacia él, llenarle esa boca de besos y no parar nunca de besarle.

- Me da igual – dice Jensen de repente, en un disparo.

- ¿Qué?

Es raro hablar con Jared que tiene los ojos aún cerrados pero a la mierda. A LA MIERDA con los pre-juicios, los per-juicios y todos los puñeteros juicios, propios o ajenos. Va a besar a Jared Padalecki y si el mundo quiere descoyuntarse que así sea.

Un leve roce primero, como tanteando si sí o si no, pero ya le cosquillean las yemas de los dedos de los pies con la perspectiva de CONOCER si Jared sabe tan bien como huele.

Y Jensen ha dado y recibido infinidad de besos pero como NECESITA besar a Jared en ese momento no ha necesitado besar a nadie en su vida.

- Dios Jen, si no me besas ya voy a gelatinarme.

- Como si ese verbo existiera – sonríe Jensen, contando mentalmente los lunares que Jared tiene en la cara.

Entonces abre los ojos y también un poco los labios y se le queda mirando de una forma oscura que le remueve los cimientos.

- Tú sigue tocándome las narices y verás cómo te dejo de pegajoso el suelo de la cocina.

- Ven aquí – suspira Jensen agarrándole de la empapada camiseta y atrayéndole hacia él.

Un choque de trenes probablemente causaría menos impacto. Los labios se encuentran como si llevaran una eternidad echándose de menos, como si no existiera otra cosa que el mundo girando alrededor de ese beso, de esa cocina, de ellos… Y vale, queda algo de ese enfado y ese tira y afloja que se traen entre manos desde el primer segundo de su relación pero todo el conjunto es abrumador.

Jared hace ese ruidito y ¡BADABÚM!, Jensen se lo quiere comer enterito, empezando por su boca y acabando por ya veremos qué. Se concentra en ese momento porque un primer beso es importante. No siempre son perfectos (a veces distan mucho de serlo) pero la gran mayoría de ocasiones son inolvidables. Y nadie quiere ser recordado por un mal primer beso.

Repasa la forma de los labios de Jared con su lengua y disfruta sintiendo cómo le recorre un escalofrío porque tiembla bajo sus brazos. Las manos de Jensen se apoyan en las caderas de Jared que despierta con ese contacto y se mueve un poco contra él. Y ese roce puede – sólo puede – que esté volviendo un poquito loco a Ackles que reacciona devorando a su amigo como si fuera lo último que va a hacer en su vida.

Ese labio inferior va a acabar con él. Sólo un poco de succión y hacer encajar sus bocas es TAN fácil…

¿Sentir cómo Jared le está desabrochando los pantalones? Eso ya es otra historia porque de repente el cerebro de Jensen se colapsa y ¡OSTRAS! ES VERDAD QUE UNA PERSONA PUEDE VOLVERSE GELATINA.

Esa mano enorme le toca y a la porra si gemir así puede parecer de chicas porque si no lo hace es muy posible que se le enquisten dentro tantos sentimientos juntos. Aunque claro, tocarle él también sería la perfección así que usa la poca coordinación que le queda para tratar de hacerle sentir a él lo mismo que Jensen está sintiendo en ese momento.

Los besos se tornan más largos, más lentos, más profundos, más salvajes. Pura lengua y labios, saliva y cosquillas en el estómago cuando siguen el ritmo de sus manos. Y ya no hay un antes, ya no hay un después. Sólo un AHORA-JENSEN-PORFAVOR y un JARED-AHORA-NOPARES, seguido de un millón de explosiones de felicidad agotadora.

 

*****
 

La lluvia sigue repiqueteando en los cristales y el olor a café inunda todo el apartamento. Jared ha puesto patas arriba todos los armarios hasta que ha encontrado crema de cacahuete y galletas que está devorando como si llevase semanas sin comer.

Verle lleno de miguitas y pletórico de felicidad glucosa hace que a Jensen no le importan las pisadas de barro, sus zapatillas de deporte destrozadas, esa sensación de que SIEMPRE va a terminar haciéndole caso y siguiéndole en todas sus descabelladas ideas sin sentido.

Porque Jared le mira con manchas de ese dulce asqueroso en la cara y esa sonrisa de un kilo de dólares y a Jensen deja de importarle nada más.


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